Vacunas en conejos: por qué son imprescindibles incluso si vive en casa

Vacunas en conejos: por qué son imprescindibles incluso si vive en casa

Vacunar a un conejo no es opcional, es una medida básica de prevención sanitaria. Aun así, todavía hoy muchos tutores reciben el mensaje erróneo de que, si el conejo no sale a la calle o no tiene contacto con otros conejos, no necesita vacunas. Esta afirmación es incorrecta y puede tener consecuencias fatales. Numerosas enfermedades graves del conejo se transmiten a través de mosquitos y otros insectos, además de por objetos inanimados como ropa, calzado o utensilios que entran a diario en nuestros hogares.

Por este motivo, todos los conejos, independientemente de que vivan en un piso en ciudad o en un entorno rural, deben seguir un protocolo de vacunación adecuado. Si tu veterinario no dispone de alguna de las vacunas necesarias, es recomendable solicitar que las encargue o, si es preciso, adquirirlas en farmacia para que sea el profesional quien las administre. En cualquier caso, el asesoramiento debe venir siempre de un veterinario con experiencia en animales exóticos.

Una de las enfermedades más conocidas y temidas es la mixomatosis. Se trata de una enfermedad vírica muy extendida en la península Ibérica, con una mortalidad elevada. Se transmite por contacto directo entre conejos, pero sobre todo a través de la picadura de mosquitos y otros parásitos. Aunque el riesgo para un conejo que vive permanentemente en un piso urbano puede ser menor, no es inexistente. Basta con que un insecto entre en casa o con que el conejo pase unos días en una zona con mayor presencia de mosquitos, como ocurre durante vacaciones o fines de semana, para que el riesgo aumente de forma significativa.

La vacuna contra la mixomatosis puede administrarse a partir de las seis semanas de edad. Su duración suele ser de unos seis meses, aunque esto depende del laboratorio fabricante, por lo que es imprescindible consultar con el veterinario. De forma general, se recomienda vacunar en primavera y otoño, coincidiendo con los picos de actividad de los insectos vectores.

Otra enfermedad de extrema gravedad es la enfermedad hemorrágica vírica del conejo, conocida como RHDV. Esta patología se transmite principalmente por contacto con heces infectadas, pero también puede propagarse mediante objetos inanimados como ropa, zapatos o superficies contaminadas. Insectos e incluso algunas aves pueden actuar como vectores indirectos. Aunque es más frecuente en entornos donde hay contacto entre conejos, ningún animal está completamente a salvo si no está vacunado.

La vacuna frente a la hemorragia vírica suele administrarse preferentemente en primavera y su protección puede durar hasta doce meses, dependiendo también del laboratorio. Es importante respetar un intervalo mínimo de quince días entre la vacuna de la mixomatosis y la de la hemorragia vírica cuando se administran por separado.

En la actualidad existe una vacuna combinada frente a mixomatosis y enfermedad hemorrágica vírica clásica, que permite simplificar el calendario vacunal. Esta vacuna puede administrarse a partir de las cinco semanas de edad y ofrece una protección anual frente a ambas enfermedades. Gracias a esta opción, en lugar de varios pinchazos al año, en muchos casos basta con una sola administración anual, lo que reduce el estrés para el animal y facilita el cumplimiento del protocolo.

En los últimos años ha cobrado especial importancia la vacunación frente a una nueva variante de la enfermedad hemorrágica vírica, conocida como RHDV2. Se trata de una mutación que se está extendiendo por España y otros países europeos. Ninguna de las vacunas clásicas protege frente a esta variante, por lo que es necesario añadir una vacuna específica al calendario habitual.

La forma de contagio del RHDV2 es similar a la del virus hemorrágico clásico, pero presenta algunas diferencias importantes. Puede afectar a gazapos, produce cuadros clínicos variables y, aunque en algunos casos la mortalidad es menor, sigue siendo una enfermedad grave y potencialmente mortal. Al igual que las otras enfermedades víricas del conejo, no tiene tratamiento curativo, lo que hace que la prevención mediante vacunación sea la única herramienta eficaz. La frecuencia de administración de esta vacuna depende de la marca utilizada, por lo que el veterinario debe establecer el calendario más adecuado en cada caso.

Tras la vacunación, es normal que el conejo presente algunas reacciones secundarias leves. Lo más habitual es que esté algo apático durante uno o dos días, que se muestre más reservado o incluso algo asustado. También es frecuente la aparición de un pequeño bulto en la zona donde se ha administrado la vacuna, generalmente en el lomo. Estas reacciones suelen desaparecer en poco tiempo y no tienen importancia clínica. No obstante, si la apatía se prolonga varios días o aparecen síntomas preocupantes, es recomendable contactar con el veterinario para una revisión.

Vacunar a un conejo es una responsabilidad básica de cualquier tutor. Las enfermedades frente a las que se protege son graves, de rápida evolución y, en muchos casos, mortales. La idea de que un conejo “de interior” no necesita vacunas es uno de los mitos más peligrosos en su cuidado. Un calendario vacunal adecuado, supervisado por un veterinario especializado, es una de las mejores formas de proteger su vida y garantizarle una existencia larga y saludable.

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